Después de varios meses de dudas y aplazamientos, por fin parece que el Ministerio de Hacienda está decidido a poner definitivamente en marcha la reforma fiscal, centrada en el Impuesto sobre las Personas Físicas, IRPF, y que supondrá una importante rebaja de la carga tributaria para los ciudadanos. Los trabajos se encuentran muy avanzados, y en el plazo de tres meses, según los planes de Montoro, el proyecto debería estar listo, con el fin de entrar en vigor en 2003. Sin embargo, el temor a romper el tan preciado déficit cero, que a duras penas se ha logrado por primera vez en 2001, ha llevado a los responsables de Hacienda a reducir el alcance de los cambios que se van a introducir. Se limita la rebaja del IRPF en los tramos altos del impuesto –se reduce el tipo máximo del 48% al 46%, en lugar de bajar hasta el prometido 40%–, con el fin de no mermar a corto plazo los ingresos, al tiempo que, en los tramos bajos, se incrementan notablemente las deducciones familiares y el incentivo al ahorro. Así, Montoro le da a esta reforma un marcado tinte social que no termina de satisfacer a los expertos, pero que sin duda tendrá sus ventajas de cara al período electoral que se avecina.
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