Son las grandes olvidadas, en opinión de los dos grandes partidos nacionales, y a ellas van a dedicar buena parte de sus esfuerzos en la confianza de que éstos se van a ver debidamente recompensados cuando llegue el momento de las urnas. El Gobierno y el PSOE preparan con la ayuda de expertos sus propuestas para fortalecer a las familias, de forma que el electorado perciba de qué manera votando al PP o al primer partido de la oposición puede llevar a sus hijos a mejores colegios públicos o concertados, disfrutar de más becas, compaginar mejor la vida familiar con la laboral, incorporar a la mujer al mercado de trabajo, disponer de más guarderías y mejorar, en suma, la calidad de la unidad familiar siguiendo el camino recorrido por la socialdemocracia europea más avanzada en la década de los ochenta.
El responsable de política económica del PSOE, Jordi Sevilla, espera que ésta sea una de las ofertas estrella de su partido, a través de la cual éste recupere la iniciativa frente al Gobierno. Su homólogo en el PP, Vicente Martínez Pujalte, confía en que los informes encargados por el Gobierno a un grupo de expertos para cuadrar la nueva reforma fiscal se traduzca antes del verano en un bloque de propuestas que haga sombra al proyecto socialista en torno a la familia. El ministro Cristóbal Montoro quiere afinar el trato a las familias numerosas, compensando a las rentas familiares en función de la carga que soporten, con una apuesta clara y decidida por reforzar el papel de la mujer, sobre todo en caso de maternidad.
La secretaria de Estado de Presupuestos, Elvira Rodríguez, se ha encargado de decir por activa y por pasiva que desde el Gobierno no se va a promover una reducción del gasto público. Tenemos ante nosotros, pues, a un partido de derechas, el PP, que ha coronado con éxito su recorrido hacia el espacio de centro, al menos en la venta de su política económica, y que ahora quiere rematar la faena impidiendo al partido de José Luis Rodríguez Zapatero respirar ante su electorado natural.
Está claro que el mini programa de gobierno que acaba de esbozar en el Congreso el diputado Martínez Pujalte aprovechando la moción defendida por el diputado socialista Germá Bel para evitar que el IPC continúe deteriorando el poder adquisitivo de las familias tiende, precisamente, a disputar con mayor eficacia al PSOE su propio campo de juego, circunstancia que puede acarrear no ya la lógica disputa entre el Gobierno y la oposición para ver quién se preocupa más por las familias españolas, sino una carrera disparatada de recetas proteccionistas y, lo que es peor, sin posibilidad de financiación real por parte del Estado.
El gran debate de totalidad sobre la reforma del IRPF tendrá lugar en julio, al menos ésa es la previsión del Ministerio de Hacienda, y para entonces ya conoceremos cuál es el partido que ha ganado la batalla publicitaria que se avecina. El primer cartel de la misma ya lo ha colocado el PP al cifrar en 21.035,42 millones de euros la rebaja fiscal con la que el Gobierno agració a los españoles con la reforma de 1997. Ante la sequía informativa a la que Hacienda tiene sometido al Parlamento, ¿alguien se atreve a desmentir este alegre cálculo?
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