El testigo Enrique Viola sorprendió a las partes con estas manifestaciones, ya que en sus anteriores interrogatorios no se pronunció nunca en este sentido. Según Viola, este cambio en su declaración está motivado por su nueva situación procesal: al no estar ya imputado en el procedimiento, no teme salir mal parado por sus explicaciones ante la Sala.
El ex inspector declaró ayer durante la segunda sesión del juicio que se celebra en la sección novena de la Audiencia de Barcelona contra el inspector Alvaro Pernas, su subordinado Fabián Gómez, el propietario de la inmobiliaria Metro-3 Baltasar Aznar y su entonces asesor fiscal Rafael Valera.
La Fiscalía Anticorrupción les pide en sus conclusiones provisionales penas de entre dos y ocho años de cárcel por los delitos de cohecho, prevaricación y falsedad documental.
Viola, corredor de comercio y notario, ha corroborado la versión de la acusación, según la cual Pernas ofreció a Aznar, a cambio del pago de una cantidad millonaria, «maquillar» la situación fiscal de la inmobiliaria para que el empresario sólo tuviera que liquidar a Hacienda 7.998.171 pesetas (48.069 euros) por los ejercicios de 1991 a 1995. En realidad, según la Fiscalía, el fraude al erario público ascendió a más de 453 millones de pesetas (más de 2,7 millones de euros).
Según la declaración de Viola, Baltasar Aznar le pidió que intercediese ante Pernas para que no fuera tan riguroso en la inspección y suavizara los resultados fiscales de la empresa. Viola debía dar buenas referencias de la empresa, y sugerirle que estaba bien administrada. El caso es que cuando el testigo se citó con Pernas para transmitirle esta preocupación del responsable de Metro-3, el inspector de Hacienda le espetó que «otros habían defraudado más» y que el asunto «se podía arreglar por unos 60 millones de pesetas», siempre según Viola.
Después de transmitir este mensaje al constructor, el testigo no supo nada más del asunto, relató ayer. Las defensas de los acusados pusieron de manifiesto sus múltiples contradicciones, y recordaron que en instrucción había sido claro al manifestar que Baltasar Aznar había rechazado la oferta con rotundidad.Pernas también negó en su declaración de la primera sesión del juicio haber planteado un soborno a Viola, y aunque admitió haber mantenido con él un par de conversaciones sobre la inspección de Metro-3, señaló que el testigo sólo le mostró su interés por el expediente fiscal, sin entrar en valoraciones.
El propietario de la empresa inmobiliaria también prestó declaración ayer, como acusado, y reconoció que tuvo contactos con Enrique Viola en octubre y noviembre de 1998.
En estos encuentros, según el empresario, Viola le propuso el pago de una cantidad de entre cincuenta y sesenta millones de pesetas para arreglar la inspección fiscal a la que estaba siendo sometido en aquellos momentos. En una segunda cita, en un restaurante de la Avenida Diagonal de Barcelona, Viola reiteró la propuesta advirtiendo que «iba en serio», según Aznar.
El empresario, que negó haber hablado del tema con Pernas, siempre entendió que Viola actuaba como un «intermediario», y dijo conocer su vínculo de amistad con el inspector de Hacienda.
Con todo, insistió en negar haber aceptado el pago solicitado para «maquillar» sus actas fiscales, y señaló que no ha pagado «ni una peseta» en toda su vida a ningún funcionario de Hacienda.
Este es el primer juicio que se celebra por la presunta trama de prevaricación y cohecho de Hacienda en Cataluña en los años ochenta y noventa, investigación que dirige el juzgado de instrucción número 33 de Barcelona.
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