Hacienda ha decidido endurecer el acceso a los generosos incentivos fiscales de las fusiones y escisiones, ante el fuerte incremento del uso de estas operaciones entre las empresas exclusivamente por motivos de evasión fiscal.
Las exenciones que permite el régimen tributario especial de las fusiones ha supuesto un atractivo para el camuflaje de patrimonios personales dentro de las compañías, o para la rebaja de la factura fiscal sin justificación, lo que ha llevado al ministerio a bloquear los incentivos en todas las operaciones en las que no ha encontrado “motivación económica válida”.
La Dirección de Tributos ya ha empezado a reflejar en sus consultas, algunas de ellas de carácter vinculante, los criterios de Hacienda. Las contestaciones de Tributos, de esta forma, han negado ya el beneficioso régimen fiscal del que disfrutan las fusiones o escisiones tras detectar que tenían “como principal objetivo el fraude o la evasión fiscal”.
Entre ellas destacan absorciones sobre las que el ministerio considera que no mejoran la gestión del negocio e intentos de incorporar patrimonios a las compañías realmente no necesarios para la empresa.
Fuertes incentivos
El régimen tributario de las fusiones supone un ahorro fiscal más que sensible. Las operaciones que se acogen a estos incentivos quedan libres del pago de impuestos por las plusvalías que afloran en esas operaciones. La exención, además, permite eliminar el pago del Impuesto sobre Transmisiones para los patrimonios fusionados o escindidos, y esquivar el pago del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones en los casos de herencia de patrimonios.
De esta forma, el bloqueo del régimen fiscal de fusiones se convierte en un importante arma para frenar las absorciones que esconden tramas de ingeniería fiscal: sin la desgravación, el coste fiscal alcanza dimensiones tan elevadas que las empresas desisten de realizar la operación.
La última ley de acompañamiento, la de los presupuestos de 2002, abrió esta vía a Hacienda. Por primera vez, esa norma recogía la potestad del ministerio para negar la concesión de estos incentivos cuando apreciase que la operación no respondía a una motivación de gestión empresarial, sino que únicamente pretendía aprovecharse de las exenciones por medio de planificaciones de ingeniería fiscal. Hacienda no ha tardado en hacer uso de esta arma contra el fraude.
Entre las operaciones de fusión y escisión ficticias que se han empezado a detectar ocupan un lugar predominante los intentos de ocultación de sociedades de inversión o patrimoniales dentro de las empresas absorbentes. Algunos de los principales asesores fiscales reconocen que entre las prácticas que han chocado ya con la negativa de Hacienda se encuentra la absorción dentro de algunas compañías de sociedades de inversión mobiliarias (simcav) constituidas por los directivos de la empresa.
Los expertos señalan, sin embargo, que son muchos más los instrumentos utilizados para este tipo de planificaciones. Los canjes de acciones o las compras o ventas de divisiones por aparentes motivos de adaptación al mercado son empleados en un buen número de casos para separar beneficios o incorporar pérdidas a la base imponible de la compañía y rebajar, de esta forma, la factura del Impuesto sobre Sociedades.
Los datos de la Agencia Tributaria reflejan, de hecho, un fuerte incremento en los últimos años de estas operaciones que, fuentes de la Inspección, no dudan en señalar que no guardan una relación directa con el ritmo de creación de empresas o con el incremento de la actividad.
Según los últimos informes de la Agencia, los ritmos de incremento de las fusiones y escisiones se elevan anualmente por encima de un 40% y alcanzan ya un número aproximado de 3.000, frente a poco más de 1.700 reestructuraciones realizadas en 1998.
Entre la documentación de la que dispone la Agencia Tributaria, de hecho, figura una encuesta realizada en el año 2000 por el Instituto de Estudios Económicos en la que entre 150 empresarios consultados, los motivos fiscales ocuparon el quinto lugar entre las causas por las que se efectuaban las fusiones y escisiones.
La nueva postura de Hacienda de frenar el uso de los incentivos fiscales de estas operaciones sin motivo económico real, modificará, a buen seguro, esta actitud de los empresarios.
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