Mientras los técnicos convocados por el Gobierno para preparar el diseño inicial de su nuevo impuesto abogan por profundizar en nuevas rebajas para la familia y el ahorro sin alterar la estructura actual del IRPF, los técnicos del PSOE defienden cambios sustanciales en el número de tramos y las rentas del capital.
Los expertos han atizado el debate político de la nueva rebaja de impuestos. Las fuertes diferencias existentes entre los dos principales partidos -PP y PSOE- sobre la futura reforma del Impuesto de la Renta se han reflejado con igual virulencia entre los catedráticos y técnicos más prestigiosos del país, que se han enrolado en las comisiones de asesores convocadas por el Gobierno y por la oposición para preparar las diversas propuestas de reforma del IRPF.
Para unos, entre los que se encuentra Manuel Lagares, presidente de la comisión de expertos que asesora al Gobierno y padre del informe sobre el que se ha redactado el nuevo proyecto de IRPF, "la validez del esquema trazado en el Impuesto sobre la Renta vigente actualmente es indudable: la nueva reforma, por lo tanto, lo que debe hacer -y lo que, de hecho, hace- es profundizar en esa misma dirección, al tiempo que introduce nuevas rebajas en los tipos", según aseguró el catedrático en el debate celebrado por el Consejo Editorial de EXPANSIÓN entre representantes de la comisión del profesor Lagares y el grupo de expertos que ha asesorado al PSOE para preparar la propuesta socialista de reforma del IRPF.
La versión de los integrantes del otro equipo técnico presente en el debate, el convocado por el principal partido de la oposición, no puede ser más distinta.
Javier Ruiz-Castillo, uno de los máximos exponentes de los expertos a los que ha recurrido el secretario de Economía del PSOE, Jordi Sevilla, asegura que el impuesto necesita una profunda revisión tanto para reducir el número de tramos, como para alterar la actual "desigualdad que existe entre el esfuerzo fiscal que realizan las rentas del trabajo y el que tienen que hacer las rentas del capital".
Del tipo único a dos tramos
Para Ruiz-Castillo, la solución a estos problemas pasa por un esquema en el que "frente a la actual escala de seis tramos en el IRPF se pudiese regular una estructura con dos tipos". De esta forma, existiría un tipo general del 25% o del 27%, aplicable a las rentas inferiores a unos 34.500 euros anuales y un tipo adicional del 14% o el 15% para los ingresos por encima de ese tope".
El tipo máximo del impuesto quedaría, de esta forma, en un 41%, más bajo que el 48% del IRPF actual e, incluso, que el 45% propuesto por el Gobierno para el próximo 1 de enero.
Las explicaciones de Ruiz-Castillo, sin embargo, dejan a la luz no sólo las diferencias de este experto frente a los técnicos de la comisión Lagares, sino también frente al anuncio inicial realizado por el propio PSOE, que en boca de Jordi Sevilla, avanzó hace un año la posibilidad de plantear un esquema de tipo único para el IRPF.
Otro de los miembros del comité de expertos del PSOE, Jesús Ruiz-Huerta, también presente en el debate de EXPANSIÓN se refirió al tipo único y reconoció "las dificultades de aplicar actualmente este modelo fiscal". Para él, la reducción a dos tramos supone ya un esquema "suficientemente ambicioso", a la vez que elude gran parte de los problemas de desajuste que provocaría el tramo único.
Lagares no dudó en entrar en este debate calificándose como "un gran defensor del modelo de tarifa de pocos tramos". El catedrático, que ya se consagró como padre de la primera reforma del IRPF aprobada por el PP en 1998, incluso reconoció que su equipo de expertos analizó un impuesto de un solo tramo dentro de los trabajos preparatorios de la nueva reforma.
"Sin embargo, el impuesto lineal daba como resultado un total de 9,6 millones de contribuyentes perdedores con esa reforma –es decir, más del 66% de los contribuyentes actuales- y un retroceso en la progresividad de más de un 22%", aclaró el catedrático.
Para Lagares, "el impuesto lineal provocaría grandes movimientos redistributivos entre los contribuyentes, con muchos ganadores y perdedores, y en donde los ganadores y perdedores, además, no tienen por qué coincidir con los contribuyentes de rentas más altas o más bajas".
Por ello, por ahora sería suficiente "una tarifa de cuatro o cinco tramos" en el impuesto, según el presidente de la comisión convocada por Hacienda, que aclara que, aunque la propuesta del Gobierno ha incluido definitivamente cinco tramos "quizá en el Parlamento podría reducirse un tramo más hasta llegar a cuatro".
Para Lagares, sin embargo, la reducción de tramos que reclaman los expertos del PSOE no debería hacerse de golpe debido a los negativos efectos redistributivos que produciría sino "quizás de aquí a unos diez años, actuando gradualmente, para que esa reducción del número de tramos pueda alcanzarse sin grandes costes para los contribuyentes", puntualizó el catedrático.
El presidente del grupo de expertos convocado por el Ministerio de Hacienda, además, no comparte la idea de que la reducción del número de tramos sea una cuestión de extrema urgencia. Para Lagares, por el contrario, resulta prioritario "dirigir las medidas de incentivo fiscal a determinados colectivos y seguir bajando los tipos".
Lagares aclara que, de hecho, éstos han sido los objetivos plasmados en el nuevo proyecto: "ayudas para las familias, para las rentas bajas" y un conjunto de incentivos "destinados a la creación de empleo".
Rebaja general
Las previsiones oficiales sobre el impacto del nuevo impuesto parecen dar la razón a Lagares: pese a que la reducción general del impuesto será de un 11,1% para todos los contribuyentes, las rentas bajas obtendrán reducciones superiores a un 38%. Para el grupo de expertos convocados por el PSOE, tampoco están claros estos efectos.
Ruiz-Castillo asegura que "no existe una base econométrica para avalar que las rebajas de impuestos contribuyan a la creación de puestos de trabajo". Este catedrático va más allá y plantea directamente la pregunta de "¿por qué parece completamente sentado que es necesario bajar impuestos? ¿acaso no puede ser otra solución actuar sobre los gastos en vez de sobre los ingresos?".
Las divisiones entre las dos facciones de expertos alcanzan un grado máximo cuando se habla de ahorro. Mientras los técnicos más cercanos a los planteamientos del Gobierno defienden una fiscalidad diferenciada para las ganancias patrimoniales y los rendimientos del trabajo y con incentivos al ahorro, el grupo convocado por el PSOE plantea la unión de los dos tipos de ingresos para que tributen por la escala general del Impuesto sobre la Renta.
Lagares destaca que "en la comisión hemos estudiado esquemas de países donde las ganancias patrimoniales no están consideradas como renta; hemos visto otros donde a partir de seis meses o dos años ni tan siquiera se les considera como ingresos. Pero no hemos visto ningún país en el que se las trate, sin más, como renta ordinaria".
Por eso "hemos optado por un sistema de tributación de las ganancias patrimoniales y de los rendimientos del ahorro que tenga en cuenta los informes de la OCDE, en los que se habla de la competencia fiscal y de los movimientos de capitales entre países. Buscar fórmulas que no hayan sido puestas en marcha en ningún otro país, puede ser peligroso".
La respuesta del catedrático hace alusión a un problema advertido ya por otros expertos. Al endurecerse la tributación de los rendimientos del ahorro, se podría provocar una fuga de capitales hacia países con menos fiscalidad.
Ahorro
Jordi Sevilla defendió en su momento este acercamiento entre las rentas del capital y las del trabajo asegurando que al margen de los problemas que pueda originar, "se trata de una cuestión de justicia que el trabajo no tribute más que el ahorro".
Para Ruiz-Castillo, además, los problemas que podría provocar este esquema no tendrían por qué ser tales: "Lo que nosotros planteamos es hacer tributar a las rentas del capital en la tarifa general, pero eso sí, después de haber aplicado unos coeficientes reductores a las ganancias patrimoniales y el resto de rentas del capital para corregir los efectos de la inflación, así como para distribuir proporcionalmente la renta en los periodos en que fue generada", con lo que el endurecimiento quedaría amortiguado.
En cualquier caso, Ruiz-Castillo subraya que esos coeficientes nunca llegarían a la situación previa a 1996: "No se trata de volver a los niveles fiscales de otros momentos, en los que se fue la mano y se llegó a dejar exentas las rentas del capital tras el paso de un determinado periodo de tiempo". Ruiz Huerta destaca, además, que "el propio informe Lagares reconoce que esta fórmula fiscal para el ahorro se da, con matizaciones, en Austria y Alemania y se asegura también que se aplica en Reino Unido, de forma más clara".
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